jueves, 17 de febrero de 2011

De adicciones que no se dejan


El cigarro me acompañó desde el bachillerato hasta al momento de enterarme de mi embarazo. Deje de fumar por mucho tiempo, luego las noches en duermevela, los pensamientos que se fueron acumulando y alguna otra razón escondida lo trajeron a mi rutina de nuevo. Desde entonces ha aparecido y desaparecido de mi vida como si de un amor maldito se tratara.

Para fines del año pasado lo volví a retomar, fue la angustia, fue la desilusión, fue un pretexto que necesitaba. El caso es que ahora mismo estoy deseando uno. Sin embargo, debo dejarlo de nuevo y cambiarlo por otra adicción.  Entonces, pienso en la que sería la ideal, la mejor y por la cual no renunciaría aunque se tratara de vida o muerte. Como decía una profesora “si de escoger se trata…” escojo besos o abrazos, aunque prefiero besos. Besos de verdad, de dientes aprisionando levemente el labio inferior, acompañados de miradas intensas. Dejaría incluso el café. El sueño de hoy.

Mientras me queda disfrutar un chocolate con sabor a café.

2 comentarios:

  1. Nunca he fumado. En cambio, me declaro adicta al café. Creo que desde la primera vez que disfruté de uno, supe que ese sería un vicio que jamás podría dejar. Si no bebo café por la mañana, siento que no amanezco.

    Abrazo

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  2. Debo confesar que esa es mi adicción más fuerte, el café...

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